Cultura
Álvarez y "Caras y Caretas": una revista para mirar su tiempo
La colección conservada en el Museo Casa Natal de Fray Mocho permite recorrer distintas épocas de una de las publicaciones más emblemáticas de la prensa argentina y volver sobre el papel que José S. Álvarez tuvo al frente de sus páginas.
Como cierre del Mes de Fray Mocho, el Museo Casa Natal vuelve la mirada hacia una publicación inseparable de la trayectoria periodística de José S. Álvarez: Caras y Caretas, el semanario que desde fines del siglo XIX propuso una manera novedosa de acercar la actualidad a un público cada vez más amplio.
La edición argentina comenzó a publicarse en Buenos Aires en 1898, a partir de la experiencia que Eustaquio Pellicer había iniciado años antes en Montevideo. José S. Álvarez asumió su dirección y se convirtió en una figura central de aquel proyecto editorial, junto a Pellicer, Manuel Mayol y un amplio conjunto de escritores, dibujantes, fotógrafos y colaboradores que fueron construyendo la identidad de la revista.
Uno de los ejemplares conservados en el Museo permite encontrarnos directamente con ese momento. En la cabecera de la edición del 30 de marzo de 1901 puede leerse: “Eustaquio Pellicer, Redactor”, “José S. Álvarez , Director” y “Manuel Mayol, Dibujante”. Debajo, Caras y Caretas se definía como “Semanario festivo, literario, artístico y de actualidades”. Pocas palabras que anticipaban, sin embargo, la enorme diversidad que el lector encontraría al recorrer sus páginas.
Política, acontecimientos nacionales e internacionales, literatura, humor, caricaturas, fotografías, costumbres, personajes, novedades científicas, publicidades y curiosidades podían convivir en un mismo número. Esa variedad fue una de las claves de su propuesta: Caras y Caretas ofrecía múltiples maneras de acercarse a la actualidad y a la sociedad de su tiempo.
Entre las páginas que conserva el Museo aparece, por ejemplo, una nota titulada “Un nuevo método de educación”, dedicada a una experiencia educativa desarrollada en los Estados Unidos. El artículo combina explicaciones con numerosas fotografías que acompañan el relato y permiten observar aquello que el texto describe. Un tema ocurrido a miles de kilómetros llegaba así a los lectores argentinos convertido en una historia que podía ser leída, pero también mirada.
La relación entre palabra e imagen adquiría por entonces una importancia creciente en la prensa ilustrada. En Caras y Caretas, fotografías, dibujos y caricaturas no eran solamente elementos decorativos: contribuían a narrar, interpretar y comentar los acontecimientos. La actualidad comenzaba también a construirse visualmente.
En ese universo editorial es posible reconocer mucho de la mirada de Fray Mocho. Su interés por la vida cotidiana, los personajes populares, las formas de hablar y aquellas escenas aparentemente pequeñas capaces de revelar una sociedad encontró en Caras y Caretas un espacio privilegiado. Literatura, periodismo, humor, información y observación de las costumbres convivieron en un proyecto que buscaba contar un mundo diverso y cambiante.
La colección de la Casa Natal permite además acercarse a distintos momentos de la historia de Caras y Caretas. El ejemplar de 1901, en cuya cabecera José S. Álvarez figura como director, pertenece a su primera y extensa etapa argentina, iniciada en 1898 y finalizada en 1939. Tras sucesivas reapariciones, entre 1951 y 1955 y nuevamente entre 1982 y 1984, la publicación comenzó en 2005 una cuarta etapa que continúa hasta la actualidad.
A esta última etapa pertenece el ejemplar de 2023, el más reciente que integra actualmente la colección del Museo. Separados por más de un siglo, ambos números permiten observar no sólo las transformaciones de una publicación, sino también la permanencia de un nombre profundamente ligado a la historia de la prensa gráfica argentina.
Durante agosto, el Mes de Fray Mocho nos permitió abrir libros, revistas y documentos para acercarnos a distintas facetas de José S. Álvarez. Cerrar ese recorrido con Caras y Caretas significa regresar a uno de los espacios fundamentales de su vida profesional, pero también mirar estas páginas como documentos capaces de contarnos mucho más que aquello que dicen sus textos. Porque conservar estas revistas no significa solamente guardar papel antiguo. Es preservar una manera de informar, de representar la actualidad y, finalmente, de mirar el mundo